Hoy, recordé una leyenda de aquellas que pasan de boca en boca, de padres a hijos, y de las que perduran con el paso de los años.
En ella se narra la aventura de un guerrero el cual siempre anheló llegar a ser unos de los mejores hombres de la corte real.
Con el paso de los años, y tras la imitación de sus ídolos y semejantes, llegó a odiar las cruzadas, y se desvaneció su ideología de comportamientos abstractos no asumidos por la época.
Un buen día, sin más explicaciones que un simple comunicado a su cuadriga, decide dejarlo todo. Colgar la armadura de guerra, e intentar buscar el rumbo fijo a su vida. Nadie le borró la idea de su cabeza, hasta hubo felicitaciones por la decisión tomada.
Más cuando pasó el tiempo, nuestro pequeño guerrero, se dio cuenta que su armadura era más necesaria, que la preciosa ropa comprada en los mercadillos, de las fortalezas de otros pueblos. Y que aún estando vestido con los mejores telares de la época, su alma, su corazón, y su ser, se encontraban desnudos.
Es entonces, cuando se planteó volver. Acudir al cuartel, limpiar su armadura, y más que empezar de nuevo, continuar con el trabajo realizado durante tantos años.
Por su cabeza pasó, el fatal recuerdo de anteriores guerras, y la ideología de volver a matar para subsistir.
En su más oculta meditación, pensó que “asesino”, es el que mata sin piedad, y con la única sensación de satisfacer su placer. Placer sucumbido con afiladas espadas y puñales puntiagudos.
Su posesión, se limitaba a viejas plumas estilográficas y desgastados botes de tinta negra, que eran sus únicas armas. Esas, y la compañía de las más dolorosas e ingeniosas palabras.
En esas solitarias meditaciones, comprendió que “asesinado”, es el que muere, el que pierde su vida. Y no aquel al se le proporciona la oportunidad de la reflexión.
Por todo esto y un buen día, nuestro guerrero volvió a las cruzadas.
No con mayores ánimos que los meses pasados. Ni si quiera con las ganas de superación, que lo motivaron hasta su cese.
El caso, es que de su celebro salieron conclusiones, como que la vida sigue, sea cual fuere la dirección a la que reconduzcamos nuestro futuro.
Aquel guerrero hoy sigue luchando, y que cada cual, crea lo que quiera, y que comente lo que le apetezca.
Por que al fin y al cabo, en aquella época, al igual que en esta, nada es fruto de ser regalado. Pues nada existe, y lo material, se va desvaneciendo con el absurdo uso.
Nunca se supo si llegó a pertenecer a la corte real, ni si quiera si llegó a existir. Si son verdaderas las mencionadas cruzadas, si sirvió de algo la meditación recreada. Si de verdad existió el día, en que se asesinó a alguien con las armas del entendimiento. O si de los que murieron en las reconquistas, lo hicieron con el sufrimiento de no aceptar la invitación a la oportunidad.
Nunca sabremos si este escrito es ficticio, ni comprenderemos el significado que cada uno le da a estas palabras. Ni siquiera descubriremos la existencia del que suscribe estas líneas.
Por que así es la vida, y así hay que vivirla. Por que nada es susceptible de ser apropiado, porque siempre se está de paso, porque las leyendas, nunca se probaron que fueran ciertas, porque no hay nada cierto en lo que nos rodea.
Por que quizás tú no seas real, porque quizás yo nuca existiera.